viernes, 26 de septiembre de 2014




Contenido

CUENTO

TÍTULO: “HADAS GEMELAS”


CAPÍTULO I

H
ace miles de años, en el reino de las hadas, ocurrió algo que nadie jamás olvidaría.
El hada más bella de todas se había enamorado de un duende muy distinto a todos los demás. El joven era alto, muy alto, de facciones refinadas, delgado y ágil. Ambos tenían buen corazón, y el amor que los unía era puro y fuerte, muy fuerte.
En ese reino, convivían en perfecta armonía hadas, duendes y elfos. Todos se respetaban, y las diferencias enriquecían a cada uno de ellos.
Un día algo cambió, pues llegó Amanda, una bruja que había sido expulsada de sus tierras por malvada y envidiosa. Pidió asilo en el reino de las hadas y como allí todos eran buenos y creían en que todo ser merecía una segunda oportunidad, se lo dieron.
A pesar del buen trato recibido y de la cálida acogida que le dieron, la bruja no dejó de ser malvada y envidiosa. Y como si esto fuere poco, se enamoró perdidamente del duende alto y esbelto.
La bruja no podía soportar que el duende no la amara y menos aún soportaba la belleza del hada y su buen corazón.
Si bien el duende explicó claramente su situación a la bruja y lo hizo de un modo muy delicado, la malvada hechicera jamás pudo perdonarle que no la hubiera elegido. Resentida por no ser correspondida y muy envidiosa por la belleza del hada, juró que la joven pareja no sería feliz jamás.
Hizo cuanto pudo y más por evitar la boda, pero no lo logró. No hubo hechizo que pudiera contra el amor que ambos sentían.
-No importa pensó aun juntos, no serán felices, lo juro.
Desde el día de la boda trabajó afanosamente preparando distintos conjuros y pócimas que separaran a la feliz pareja. Pensó nuevos hechizos y los puso en práctica, pero nada daba resultado.
El amor verdadero y profundo siempre pudo más, y las maldiciones jamás surtieron efecto.
-Algún día querrán tener hijos, pues bien ¡Maldeciré su descendencia, así será!
La bruja tenía un ayudante, Julius, un elfo que siempre la había amado en secreto y por eso, cuando la malvada bruja fue desterrada, había decidido abandonarlo todo y acompañarla.
Julius no estaba de acuerdo con las prácticas de la bruja, pero por no contradecirla y con la esperanza de que algún día se enamorara de él, la ayudaba en todo lo que hacía. Y aunque fuera por amor, también Julius se equivocaba. Sin embargo, cuando escuchó que su amada atentaría contra los hijitos que el hada y el duende tuvieran algún día, sintió que ya era demasiado y decidió hacer lo que pudiera para evitarlo.
-No me parece una buena idea dijo tímidamente Julius a la bruja.
-No me importa tu opinión, a mí sí me parece una excelente idea contestó de mal modo Amanda.
-Esos niños nada tienen que ver, serán pequeños, inofensivos e inocentes replicó el elfo.
-Mira, si no me quieres ayudar, te irás por donde has venido, no te necesito, ni te he pedido que me acompañaras.
Julius aseguró a la bruja que la ayudaría, pero en realidad no pensaba hacerlo, por el contrario, quería ver cómo se las arreglaría para deshacer cualquier maleficio que la bruja preparara.
El elfo no había estudiado mucho y no tenía un lenguaje rico. No conocía el significado de muchas palabras y a veces las repetía sin saber qué querían decir, solo por el hecho de haberlas escuchado.
¿Cómo haría entonces un duende sin muchos conocimientos y con un vocabulario muy pobre para deshacer algún hechizo? Pensó entonces cuánto mejor habría sido haber estudiado como le decían sus padres.
Recordó que hacía un tiempo había escuchado una conversación en la que un duende le decía a otro:
-Este último año he duplicado la cantidad de hongos que cultivé, estoy muy contento.
-¡Qué alegría! contestaba el otro. A mí también me ha ido muy bien, he duplicado la cantidad de varitas mágicas que fabrico para las hadas y tengo pensado duplicar las escobas para las brujas también.
Julius se quedó pensando en que, si tan felices se veía a ambos duendes cuando hablaban de “duplicar”, la acción de duplicar debía de ser muy buena y decidió entonces que algún día “duplicaría algo”.

CAPITULO II

A
l día siguiente, Amanda dijo a Julius:
_Hoy tendremos mucho trabajo, no quiero distracciones de tu parte.
_¿Haremos limpieza general, mi reina? La casa lo requiere.
_Cállate tonto! Tengo algo mucho más importante que hacer que ponerme a fregar ¿no crees?
_No sé ¿qué debo creer?
_No sé para qué pierdo tiempo hablando contigo, hoy dedicaré mi día a enviar todo tipo de maleficios y maldiciones a la futura descendencia de la parejita feliz. Verán que conmigo no se juega. Ese duende esbelto se arrepentirá toda su vida de no haberme elegido.
Julius, preocupado, pensó qué podría hacer para evitar tales maldiciones y de pronto recordó la palabra “duplicar” y decidió que la usaría sin que su amada se diera cuenta.
Amanda preparó todo con mucho cuidado: velas, calaveras, pócimas de aromas muy desagradables, todo debía estar en perfecto orden para que el maleficio tuviera efecto.
Mientras la bruja ponía cada elemento en su lugar, Julius la miraba pensando en que, en cierto modo, la estaba traicionando.
_Perdona amada mía decía por lo bajo esos niños nunca tendrán nada que ver con este asunto.
_¿Qué estás murmurando? gritó Amanda.

_Nada Amanda, nada, te ha parecido a ti respondió el elfo.
_No me ha parecido nada, estabas murmurando, pero bueno, tengo cosas más importantes que hacer como para ocuparme de ti.
Julius sufría, Amanda siempre tenía cosas más importantes que hacer que prestarle atención, pero el elfo no perdía las esperanzas y soñaba que algún día la bruja se enamoraría de él, tanto como él lo estaba de ella.
Cuando estuvo todo listo, Amanda, muy concentrada y con los ojos cerrados, comenzó a decir las palabras con las que, ella creía, traería sufrimiento al hada y el duende. Escondido bajo la mesa y el mantel negro que la cubría, el elfo escuchaba atentamente para intervenir con su “mágica palabra” todo lo que Amanda dijese:
_¡Por el amor que me negaste, lo juro, mereces ahora este conjuro! A tus hijos maldeciré, tu descendencia arruinaré.
Julius escuchaba las frases con el corazón encogidito de tristeza. Supuso que usando esa palabra que él creía era casi mágica, desharía cualquier maleficio y entonces susurró por lo bajo:
_Por el amor que siento, lo juro, desharé este conjuro. A esos hijos duplicaré, su descendencia multiplicaré.
Y cada vez que Amanda maldecía, el elfo duplicaba. Julius sabía que él no tenía poderes y tampoco mucho conocimiento, pero sí muy buena intención y muchas veces eso es lo único que se necesita para solucionar algo que nos preocupa.
No bien Amanda terminó con la ceremonia, comenzó a guardar todas las cosas que había usado, entre ellas, el mantel negro que cubría la mesa. Grande fue su sorpresa cuando encontró a Julius agachadito y tapándose los ojos.
_¿Qué diablos haces aquí escondido? gritó la bruja.
_Pero mi reina ¿cómo crees que estoy escondido? ¿Qué cosas se te ocurren? Es que se me habían caído los lentes, solo eso contestó Julius.
_Tú no usas lentes ¿crees que soy tonta?
_No uso lentes porque los había perdido, créeme, por eso los estaba buscando por aquí, desde que llegamos a este pueblo que no los veo.
_Bueno, sal de ahí de una vez, en definitiva poco me importa si ves bien o mal contestó Amanda.
Y el elfo, una vez más, sintió que su corazón se hacía aún más pequeño por la indiferencia de Amanda. Sin embargo, Julius estaba contento. Pensaba que gracias a esa palabra que había usado, había deshecho el hechizo de Amanda y que, cuando el hada y el duende tuvieran hijos, nada malo sucedería con ellos… y no se equivocaba.
_Ahora solo es cuestión de esperar dijo la bruja.
_Ahora solo es cuestión de duplicar dijo por lo bajo el elfo.
El tiempo pasó y un día el pueblo todo se enteró de que el hada y el duende esperaban su primer hijo. Todo era felicidad, no solo para la feliz pareja, sino para todos pues los amaban y respetaban.
Todas las hadas comenzaron a tejer y a coser, algunos duendes comenzaron a tallar en madera una bella cunita. Los elfos escribían canciones de cuna y Amanda no sabía si entristecerse por la noticia o alegrarse pensando en que ese nacimiento no sería feliz y su venganza se haría realidad.
Julius no paraba de repetir en su mente la palabra “duplicar”. ¿Habrá sido efectiva y el niño o niña nacería bien o todo sería un desastre?
A medida que los meses transcurrían, la pancita del hada crecía y crecía. A decir verdad, crecía demasiado.
_Sin dudas en ese vientre hay un monstruo, no un niño ¡ja, ja! reía feliz Amanda.
El hada y el duende estaban tan felices que no se preocupaban por ese aumento un tanto desmedido de la panza de la futura madre.















CAPITULO III

P
asados los nueve meses, la cunita estaba lista, la ropita tejida y cosida, y las canciones muy bien practicadas por los coros de los elfos.
Cuando anunciaron que el hada estaba por dar a luz, todos se revolucionaron, algunos paseaban de aquí para allá, otros se comían las uñas y otros imaginaban si sería niño o niña, rubio o morocha, gordita o delgado y así el tiempo se les pasaba más rápido.
Amanda estaba ansiosa por ver lo que ella creía sería un monstruo y sentir que finalmente había arruinado la vida de la pareja. Julius estaba muy nervioso, recién al nacer el bebé, él sabría si la palabra que había usado como antídoto del maleficio había sido efectiva ¿Y si no lo era? ¿Y si esa bella hada daba a luz un monstruo verde con verrugas y garrapatas, tres ojos y uñas filosas? ¡No, no, no! No debía ser esa la realidad.
De pronto, se escuchó un gran bullicio en el pueblo, el hada había dado a luz. Amanda y Julius asomaron sus cabezas por la ventana para escuchar mejor. Todos estaban muy alborotados.
_¡Nunca se ha visto nada igual! decía un duende, sorprendido.
_¿No es muy extraño? preguntaba otro. ¿Será normal esto?
Amanda ya empezaba a saborear un supuesto triunfo y Julius se tapaba los oídos para no seguir escuchando, cosa imposible porque todos gritaban alborotados.

_¡No entiendo, no entiendo, esto nunca había sucedido! gritaba un enanito.
_¿Nacimiento múltiple? ¿Qué es eso? preguntaba sorprendida el hada más anciana.
_¿Que multiplicaron qué cosa? dijo otro enanito confundido.
Amanda no entendía demasiado bien pero era claro que algo fuera de lo común había sucedido.
Julius entendía aún menos que la bruja, pero tampoco le cabían dudas de que algo extraordinario había pasado y comenzó a temer: ¿y si con la palabra que había usado había empeorado todo? Julius ya imaginaba un pequeño monstruito con múltiples brazos, múltiples ojos, muchas piernas y un sinfín de dedos. La realidad no podía ser más lejana, aunque algo de extraordinario sí había habido en ese nacimiento.
No existía tal monstruo, muy por el contrario. Habían nacido dos bellas haditas idénticas, hecho que jamás había sucedido antes. Eran muy pequeñas, muy bonitas y muy, pero muy, pero muy igualitas.
¿Cómo podía ser que hubiera dos bebés en el vientre de una sola hada?
Si bien el hada y el duende no podían sentirse más felices, llamaron al gran sabio de un pueblo vecino para que viera a las pequeñas.
_No he visto nada igual dijo el sabio pero no hay nada de qué preocuparse. Las haditas gozan de una excelente salud y serán hadas normales como cualquiera. El único inconveniente que encuentro es que distingan a una de la otra sin dificultad.
Grande fue la desilusión de Amanda cuando supo que no solo no había nacido ningún horrible monstruo, sino que el hada y el duende tenían dos bellas hijas iguales, hecho que a todos maravilló.
El disgusto y el enojo iban creciendo en el muy pequeño corazón de Amanda. Julius respiraba aliviado, era evidente que la palabra “duplicar”


había dado buen resultado. Recién en ese momento el elfo decidió preguntarle a otro elfo amigo cuál era el verdadero significado de la palabra. Se dio cuenta de que había sido muy imprudente al usar una palabra cuyo significado no conocía bien y que realmente había tenido suerte de que el efecto hubiera sido un nacimiento doble o “duplicado”.
El pueblo estaba encantado con las pequeñas que crecían felices e iguales y Amanda no soportaba tanta felicidad. No solo no habían sido efectivas sus maldiciones, sino que la pareja había sido bendecida con dos pequeñas sanas, bellas y, por sobre todo, de muy buen corazón.
_Simpáticas las pequeñas gemelas ¿verdad? comentó un día Julius. El pueblo entero no hace otra cosa que hablar de su parecido.
_Una desgracia realmente, una verdadera desgracia contestó Amanda.
_¿Que se parezcan tanto una a la otra? Yo no veo nada de malo en eso. Aunque… pensándolo bien… Debe ser feo para los padres no saber quién es un hijo y quién el otro ¿verdad? Pero bueno, de ahí a llamarlo desgracia… ¡Me parece un tanto exagerado, mi reina!
_¡Yo no soy tu reina! ¡Jamás entenderás nada, elfo


ignorante!
¿Qué debería entender mi reina?… perdón… digo, Amanda.
_Deja, deja, no vale la pena gruñó la bruja, que no se daba cuenta cuánto hería el enamorado corazón de Julius.
_Dime, Amanda ¿a qué te refieres con una desgracia? insistía el elfo.
La bruja no respondió, comenzó a entender que, por alguna razón, Julius, que siempre había sido un fiel compañero, no pensaba como ella acerca de las haditas, la feliz pareja, su envidia y su rencor. No era extraño que no entendiera porque la razón de Julius nacía en su corazón y de sentimientos, Amanda Nunca entendió nada.
Desde hace mas de mil años, a la medianoche en punto, ocurre un hecho mágico en las casas de Fairy Oak: minúsculas hadas luminosas cuentan historias de niños a brujas de ojos buenos. Emocionadas y atentos. Insólito, ¿verdad?
Todo el mundo sabe que brujas y hadas se llevan mal y que a las brujas no les gustan nada los niños. Pero estamos en el valle de Verde llano en el pueblo de Fairy Oak y aquí las cosas son desde siempre un poco distintas...
(GNONE, ELISABETTA, 2014)

Bibliografía

GNONE, ELISABETTA. (2014). HADAS GEMELAS. GEMOVA-ITALIA, ITALIA: Destino Infantil & Juvenil.


FAIRY OAK. EL SECRETO DE LAS GEMELAS
EDITORIAL
MATERIA
COLECCIÓN
Fairy Oak
ENCUADERNACIÓN
Cartoné
Nº PÁGINAS
288
ISBN
978-84-08-12173-2
EAN
9788408121732
DIMENSIONES
198 x 140 mm.
FECHA PUBLICACIÓN
12-11-2013
PRECIO
14.96€ (14.38€ sin IVA)


Elisabetta Gnone nació en Génova en 1965. Periodista, ayudó a crear y luego dirigió para Disney algunas de las publicaciones mensuales más queridas por los niños (Bambi, Minni & Co., Winnie the Pooh...). Después del último proyecto ideado para Disney, la serie W.I.T.C.H., para la que escribió también las historias «halloween» y «Los doce portales», no ha dejado de escribir.
Con la saga de Fairy Oak ―El Secreto de las Gemelas, El Encanto de la Oscuridad y El Poder de la Luz― ganó dos premios Selección Bancarellino y conquistó el afecto del público, que pidió a gritos nuevos libros con los personajes de la saga. Nació asó la serie “Fairy Oak – Los Cuatro Misterios”, cuatro libros independientes, de los cuales el primero,Capitán Grisam y el Amor, publicado en 2009, confirmó el éxito de las historias de Fairy Oak y abrió el camino al segundo título, Los Hechiceros Días de Shirley, y a esta tercera entrega, Flox de los Colores.
Es el momento, pues, de desvelar el secreto de la Magia...
 

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