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CUENTO
TÍTULO: “HADAS GEMELAS”
CAPÍTULO I
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H
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ace miles de años, en el reino de las hadas, ocurrió
algo que nadie jamás olvidaría.
El hada más bella de todas se había enamorado de un
duende muy distinto a todos los demás. El joven era alto, muy alto, de
facciones refinadas, delgado y ágil. Ambos tenían buen corazón, y el amor que
los unía era puro y fuerte, muy fuerte.
En ese reino, convivían en perfecta armonía hadas,
duendes y elfos. Todos se respetaban, y las diferencias enriquecían a cada uno
de ellos.
Un día algo cambió, pues llegó Amanda, una bruja que
había sido expulsada de sus tierras por malvada y envidiosa. Pidió asilo en el
reino de las hadas y como allí todos eran buenos y creían en que todo ser
merecía una segunda oportunidad, se lo dieron.
A pesar del buen trato recibido y de la cálida acogida
que le dieron, la bruja no dejó de ser malvada y envidiosa. Y como si esto
fuere poco, se enamoró perdidamente del duende alto y esbelto.
La bruja no podía soportar que el duende no la amara y
menos aún soportaba la belleza del hada y su buen corazón.
Si bien el duende explicó claramente su situación a la
bruja y lo hizo de un modo muy delicado, la malvada hechicera jamás pudo
perdonarle que no la hubiera elegido. Resentida por no ser correspondida y muy
envidiosa por la belleza del hada, juró que la joven pareja no sería feliz
jamás.
Hizo cuanto pudo y más por evitar la boda, pero no lo
logró. No hubo hechizo que pudiera contra el amor que ambos sentían.
-No importa pensó aun juntos, no serán felices, lo
juro.
Desde el día de la boda trabajó afanosamente
preparando distintos conjuros y pócimas que separaran a la feliz pareja. Pensó
nuevos hechizos y los puso en práctica, pero nada daba resultado.
El amor verdadero y profundo siempre pudo más, y las
maldiciones jamás surtieron efecto.
-Algún día querrán tener hijos, pues bien ¡Maldeciré
su descendencia, así será!
La bruja tenía un ayudante, Julius, un elfo que
siempre la había amado en secreto y por eso, cuando la malvada bruja fue
desterrada, había decidido abandonarlo todo y acompañarla.
Julius no estaba de acuerdo con las prácticas de la
bruja, pero por no contradecirla y con la esperanza de que algún día se
enamorara de él, la ayudaba en todo lo que hacía. Y aunque fuera por amor,
también Julius se equivocaba. Sin embargo, cuando escuchó que su amada
atentaría contra los hijitos que el hada y el duende tuvieran algún día, sintió
que ya era demasiado y decidió hacer lo que pudiera para evitarlo.
-No me parece una buena idea dijo tímidamente Julius a
la bruja.
-No me importa tu opinión, a mí sí me parece una
excelente idea contestó de mal modo Amanda.
-Esos niños nada tienen que ver, serán pequeños,
inofensivos e inocentes replicó el elfo.
-Mira, si no me quieres ayudar, te irás por donde has venido, no te necesito, ni te
he pedido que me acompañaras.
Julius aseguró a la bruja que la ayudaría, pero en
realidad no pensaba hacerlo, por el contrario, quería ver cómo se las
arreglaría para deshacer cualquier maleficio que la bruja preparara.
El elfo no había estudiado mucho y no tenía un
lenguaje rico. No conocía el significado de muchas palabras y a veces las
repetía sin saber qué querían decir, solo por el hecho de haberlas escuchado.
¿Cómo haría entonces un duende sin muchos
conocimientos y con un vocabulario muy pobre para deshacer algún hechizo? Pensó
entonces cuánto mejor habría sido haber estudiado como le decían sus padres.
Recordó que hacía un tiempo había escuchado una
conversación en la que un duende le decía a otro:
-Este último año he duplicado la cantidad de hongos
que cultivé, estoy muy contento.
-¡Qué alegría! contestaba el otro. A mí también me ha
ido muy bien, he duplicado la cantidad de varitas mágicas que fabrico para las
hadas y tengo pensado duplicar las escobas para las brujas también.
Julius se quedó pensando en que, si tan felices se
veía a ambos duendes cuando hablaban de “duplicar”, la acción de duplicar debía
de ser muy buena y decidió entonces que algún día “duplicaría algo”.
CAPITULO II
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A
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l día siguiente, Amanda dijo a Julius:
_Hoy tendremos mucho trabajo, no quiero distracciones
de tu parte.
_¿Haremos limpieza general, mi reina? La casa lo
requiere.
_Cállate tonto! Tengo algo mucho más importante que
hacer que ponerme a fregar ¿no crees?
_No sé ¿qué debo creer?
_No sé para qué pierdo tiempo hablando contigo, hoy
dedicaré mi día a enviar todo tipo de maleficios y maldiciones a la futura
descendencia de la parejita feliz. Verán que conmigo no se juega. Ese duende
esbelto se arrepentirá toda su vida de no haberme elegido.
Julius, preocupado, pensó qué podría hacer para evitar
tales maldiciones y de pronto recordó la palabra “duplicar” y decidió que la
usaría sin que su amada se diera cuenta.
Amanda preparó todo con mucho cuidado: velas,
calaveras, pócimas de aromas muy desagradables, todo debía estar en perfecto
orden para que el maleficio tuviera efecto.
Mientras la bruja ponía cada elemento en su lugar,
Julius la miraba pensando en que, en cierto modo, la estaba traicionando.
_Perdona amada mía decía por lo bajo esos niños nunca
tendrán nada que ver con este asunto.
_¿Qué estás murmurando? gritó Amanda.
_No me ha parecido nada, estabas murmurando, pero
bueno, tengo cosas más importantes que hacer como para ocuparme de ti.
Julius sufría, Amanda siempre tenía cosas más
importantes que hacer que prestarle atención, pero el elfo no perdía las
esperanzas y soñaba que algún día la bruja se enamoraría de él, tanto como él
lo estaba de ella.
Cuando estuvo todo listo, Amanda, muy concentrada y
con los ojos cerrados, comenzó a decir las palabras con las que, ella creía,
traería sufrimiento al hada y el duende. Escondido bajo la mesa y el mantel
negro que la cubría, el elfo escuchaba atentamente para intervenir con su
“mágica palabra” todo lo que Amanda dijese:
_¡Por el amor que me negaste, lo juro, mereces ahora
este conjuro! A tus hijos maldeciré, tu descendencia arruinaré.
Julius escuchaba las frases con el corazón encogidito de tristeza. Supuso
que usando esa palabra que él creía era casi mágica, desharía cualquier
maleficio y entonces susurró por lo bajo:
_Por el amor que siento, lo juro, desharé este
conjuro. A esos hijos duplicaré, su descendencia multiplicaré.
Y cada vez que Amanda maldecía, el elfo duplicaba.
Julius sabía que él no tenía poderes y tampoco mucho conocimiento, pero sí muy
buena intención y muchas veces eso es lo único que se necesita para solucionar
algo que nos preocupa.
No bien Amanda terminó con la ceremonia, comenzó a
guardar todas las cosas que había usado, entre ellas, el mantel negro que
cubría la mesa. Grande fue su sorpresa cuando encontró a Julius agachadito y
tapándose los ojos.
_¿Qué diablos haces aquí escondido? gritó la bruja.
_Pero mi reina ¿cómo crees que estoy escondido? ¿Qué
cosas se te ocurren? Es que se me habían caído los lentes, solo eso contestó
Julius.
_Tú no usas lentes ¿crees que soy tonta?
_No uso lentes porque los había perdido, créeme, por
eso los estaba buscando por aquí, desde que llegamos a este pueblo que no los
veo.
_Bueno, sal de ahí de una vez, en definitiva poco me
importa si ves bien o mal contestó Amanda.
Y el elfo, una vez más, sintió que su corazón se hacía
aún más pequeño por la indiferencia de Amanda. Sin embargo, Julius estaba
contento. Pensaba que gracias a esa palabra que había usado, había deshecho el
hechizo de Amanda y que, cuando el hada y el duende tuvieran hijos, nada malo
sucedería con ellos… y no se equivocaba.
_Ahora solo es cuestión de esperar dijo la bruja.
_Ahora solo es cuestión de duplicar dijo por lo bajo
el elfo.
El tiempo pasó y un día el pueblo todo se enteró de
que el hada y el duende esperaban su primer hijo. Todo era felicidad, no solo
para la feliz pareja, sino para todos pues los amaban y respetaban.
Todas las hadas comenzaron a tejer y a coser, algunos
duendes comenzaron a tallar en madera una bella cunita. Los elfos escribían
canciones de cuna y Amanda no sabía si entristecerse por la noticia o alegrarse
pensando en que ese nacimiento no sería feliz y su venganza se haría realidad.
Julius no paraba de repetir en su mente la palabra “duplicar”. ¿Habrá sido efectiva y el niño o niña nacería bien o todo sería un desastre?
Julius no paraba de repetir en su mente la palabra “duplicar”. ¿Habrá sido efectiva y el niño o niña nacería bien o todo sería un desastre?
A medida que los meses transcurrían, la pancita del
hada crecía y crecía. A decir verdad, crecía demasiado.
_Sin dudas en ese vientre hay un monstruo, no un niño
¡ja, ja! reía feliz Amanda.
El hada y el duende estaban tan felices que no se
preocupaban por ese aumento un tanto desmedido de la panza de la futura madre.
CAPITULO
III
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P
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asados los nueve meses, la cunita estaba lista, la
ropita tejida y cosida, y las canciones muy bien practicadas por los coros de
los elfos.
Cuando anunciaron que el hada estaba por dar a luz,
todos se revolucionaron, algunos paseaban de aquí para allá, otros se comían
las uñas y otros imaginaban si sería niño o niña, rubio o morocha, gordita o
delgado y así el tiempo se les pasaba más rápido.
Amanda estaba ansiosa por ver lo que ella creía sería
un monstruo y sentir que finalmente había arruinado la vida de la pareja.
Julius estaba muy nervioso, recién al nacer el bebé, él sabría si la palabra
que había usado como antídoto del maleficio había sido efectiva ¿Y si no lo
era? ¿Y si esa bella hada daba a luz un monstruo verde con verrugas y
garrapatas, tres ojos y uñas filosas? ¡No, no, no! No debía ser esa la
realidad.
De pronto, se escuchó un gran bullicio en el pueblo,
el hada había dado a luz. Amanda y Julius asomaron sus cabezas por la ventana
para escuchar mejor. Todos estaban muy alborotados.
_¡Nunca se ha visto nada igual! decía un duende,
sorprendido.
_¿No es muy extraño? preguntaba otro. ¿Será normal esto?
_¿No es muy extraño? preguntaba otro. ¿Será normal esto?
Amanda ya empezaba a saborear un supuesto triunfo y
Julius se tapaba los oídos para no seguir escuchando, cosa imposible porque
todos gritaban alborotados.
_¡No entiendo, no entiendo, esto nunca había sucedido!
gritaba un enanito.
_¿Nacimiento múltiple? ¿Qué es eso? preguntaba
sorprendida el hada más anciana.
_¿Que multiplicaron qué cosa? dijo otro enanito
confundido.
Amanda no entendía demasiado bien pero era claro que
algo fuera de lo común había sucedido.
Julius entendía aún menos que la bruja, pero tampoco
le cabían dudas de que algo extraordinario había pasado y comenzó a temer: ¿y
si con la palabra que había usado había empeorado todo? Julius ya imaginaba un
pequeño monstruito con múltiples brazos, múltiples ojos, muchas piernas y un
sinfín de dedos. La realidad no podía ser más lejana, aunque algo de
extraordinario sí había habido en ese nacimiento.
No existía tal monstruo, muy por el contrario. Habían
nacido dos bellas haditas idénticas, hecho que jamás había sucedido antes. Eran
muy pequeñas, muy bonitas y muy, pero muy, pero muy igualitas.
¿Cómo podía ser que hubiera dos bebés en el vientre de
una sola hada?
Si bien el hada y el duende no podían sentirse más
felices, llamaron al gran sabio de un pueblo vecino para que viera a las
pequeñas.
_No he visto nada igual dijo el sabio pero no hay nada
de qué preocuparse. Las haditas gozan de una excelente salud y serán hadas normales como cualquiera. El único
inconveniente que encuentro es que distingan a una de la otra sin dificultad.
Grande fue la desilusión de Amanda cuando supo que no
solo no había nacido ningún horrible monstruo, sino que el hada y el duende
tenían dos bellas hijas iguales, hecho que a todos maravilló.
El disgusto y el enojo iban creciendo en el muy
pequeño corazón de Amanda. Julius respiraba aliviado, era evidente que la
palabra “duplicar”
había dado buen resultado. Recién en ese momento el
elfo decidió preguntarle a otro elfo amigo cuál era el verdadero significado de
la palabra. Se dio cuenta de que había sido muy imprudente al usar una palabra
cuyo significado no conocía bien y que realmente había tenido suerte de que el
efecto hubiera sido un nacimiento doble o “duplicado”.
El pueblo estaba encantado con las pequeñas que
crecían felices e iguales y Amanda no soportaba tanta felicidad. No solo no
habían sido efectivas sus maldiciones, sino que la pareja había sido bendecida
con dos pequeñas sanas, bellas y, por sobre todo, de muy buen corazón.
_Simpáticas las pequeñas gemelas ¿verdad? comentó un
día Julius. El pueblo entero no hace otra cosa que hablar de su parecido.
_Una desgracia realmente, una verdadera desgracia contestó Amanda.
_Una desgracia realmente, una verdadera desgracia contestó Amanda.
_¿Que se parezcan tanto una a la otra? Yo no veo nada
de malo en eso. Aunque… pensándolo bien… Debe ser feo para los padres no saber
quién es un hijo y quién el otro ¿verdad? Pero bueno, de ahí a llamarlo
desgracia… ¡Me parece un tanto exagerado, mi reina!
_¡Yo no soy tu reina! ¡Jamás entenderás nada, elfo
ignorante!
¿Qué debería entender mi reina?… perdón… digo, Amanda.
_Deja, deja, no vale la pena gruñó la bruja, que no se
daba cuenta cuánto hería el enamorado corazón de Julius.
_Dime, Amanda ¿a qué te refieres con una desgracia?
insistía el elfo.
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La bruja no respondió, comenzó a entender que, por
alguna razón, Julius, que siempre había sido un fiel compañero, no pensaba
como ella acerca de las haditas, la feliz pareja, su envidia y su rencor. No
era extraño que no entendiera porque la razón de Julius nacía en su corazón y
de sentimientos, Amanda Nunca entendió nada.
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Desde hace mas de mil años, a la medianoche en punto, ocurre
un hecho mágico en las casas de Fairy Oak: minúsculas hadas luminosas
cuentan historias de niños a brujas de ojos buenos. Emocionadas y
atentos. Insólito, ¿verdad?
Todo el mundo sabe que brujas y hadas se llevan mal y que a las brujas no les gustan nada los niños. Pero estamos en el valle de Verde llano en el pueblo de Fairy Oak y aquí las cosas son desde siempre un poco distintas... |
Bibliografía
GNONE, ELISABETTA. (2014). HADAS GEMELAS.
GEMOVA-ITALIA, ITALIA: Destino Infantil & Juvenil.
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FAIRY
OAK. EL SECRETO DE LAS GEMELAS
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EDITORIAL
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MATERIA
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COLECCIÓN
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Fairy Oak
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ENCUADERNACIÓN
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Cartoné
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Nº
PÁGINAS
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288
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ISBN
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|
978-84-08-12173-2
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EAN
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|
9788408121732
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DIMENSIONES
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198 x 140 mm.
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FECHA
PUBLICACIÓN
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12-11-2013
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PRECIO
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14.96€ (14.38€ sin IVA)
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Elisabetta
Gnone nació en Génova en 1965. Periodista, ayudó a crear y luego dirigió
para Disney algunas de las publicaciones mensuales más queridas por los
niños (Bambi, Minni & Co., Winnie the Pooh...). Después del último
proyecto ideado para Disney, la serie W.I.T.C.H., para la que escribió
también las historias «halloween» y «Los doce portales», no ha dejado de
escribir.
Con la saga de Fairy Oak ―El Secreto de las Gemelas, El Encanto de la Oscuridad y El Poder de la Luz― ganó dos premios Selección Bancarellino y conquistó el afecto del público, que pidió a gritos nuevos libros con los personajes de la saga. Nació asó la serie “Fairy Oak – Los Cuatro Misterios”, cuatro libros independientes, de los cuales el primero,Capitán Grisam y el Amor, publicado en 2009, confirmó el éxito de las historias de Fairy Oak y abrió el camino al segundo título, Los Hechiceros Días de Shirley, y a esta tercera entrega, Flox de los Colores. Es el momento, pues, de desvelar el secreto de la Magia... |

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